DIMENSIONES
Tenía mi cabeza apoyada sobre mis manos. Sentí el desplazamiento, pausadamente. Sentía los temblores. Eran casi imperceptibles. El movimiento trajo a la memoria de mi piel "nuestros momentos". Percibí el aire, y lo sentí tan ajeno a mí. Pensé que el único alivio para este fuego insoportable, era la humedad que destilaban tus labios. Me hacía mucha falta el rocio de tu desnudez... Mi mente retroactivó las imágenes que plasmaste sobre mi piel. Mis labios anhelaban tu boca sedienta de miel. Las brumas crecían y crecían. Por fin, tu cuerpo llegó hasta mí. Y con el sudor de tu piel te enjugaste en la mía, entregándome el descanso final.