LA RESACA DE LOS DIOSES


La Luna ya no me alimenta
el corazón negro y desgarrado.
El alma se me escapó ayer
a las 4 de la madrugada,
salió huyendo de mi
maldad comprimida.

Los labios rojos pintados
con el líquido vital,
mortajas de una lengua
azul mortecina
que claqueaba en el oído
un latido siseante.

La sonrisa maldita
ya no brilló más
en la mirada absorta que
cubría la cortina del vacío.

Y las ideas que rondaban
las orejas de lado a lado
se sentaron sobre una duna
y esperaron a que llegara
otra Luna que me trajera
un poquito de paz.

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