DIMENSIONES


Tenía mi cabeza apoyada
sobre mis manos.
Sentí el desplazamiento,
pausadamente.

Sentía los temblores.
Eran casi imperceptibles.
El movimiento trajo a
la memoria de mi piel
"nuestros momentos".
Percibí el aire,
y lo sentí tan ajeno a mí.

Pensé que el único alivio
para este fuego insoportable,
era la humedad que
destilaban tus labios.
Me hacía mucha falta
el rocio de  tu desnudez...
Mi mente retroactivó
las imágenes que plasmaste
sobre mi piel.

Mis labios anhelaban
tu boca sedienta de miel.
Las brumas crecían y crecían.
Por fin, tu cuerpo
llegó hasta mí.
Y con el sudor de tu piel
te enjugaste en la mía,
entregándome el descanso final.

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